Entre la imagen en blanco y negro y la de color, hay nada menos que 36 años de diferencia. La primera fue tomada por mi padre en su luna de miel por tierras gallegas, una road movie en aquella época que bien me hubiera gustado vivir. La segunda corresponde a mi primer viaje a Galicia. La verdad es que no sé si había visto la imagen de mi padre antes de tomar la mía, estoy convencido que no, ya que nunca la tuve en la cabeza, aunque sí que la tenía preparada para publicar en la web. Si no fue el subconsciente, seguro que no fue el consciente.
Me resulta curioso como ambos tomamos una perspectiva parecida y como en mi caso, optara por el analógico también. Él no tenía otra posibilidad…
Me apetecía publicarlo, como curiosidad, como anécdota, como homenaje a mi padre, como un pensamiento que aunque todo esté inventado o fotografiado, no pasa nada. La de blanco y negro es suya, me la puedo apropiar pero nunca será mía. La mía es la de color y aunque siendo el monumento que es y habiendo sido fotografiado cientos de miles de veces, la de color es la mía. El sentimiento que tengo por ella es mío y la historia que hay detrás de esa imagen que capturé es únicamente mía, desde el porqué estaba allí, con quién, en qué momento de mi vida y en qué circunstancia concreta. Así como el sentimiento que siento ahora y cada vez que la contemplo.
En otras palabras, nunca se puede dejar de hacer algo porque otro ya lo ha hecho antes. Nunca. Jamás. Sería lamentable.



