De un (largo) tiempo a esta parte veo cómo intento asimilar ciertos cambios en mi manera de ver, observar y comprender la fotografía en general.
Sin ir más lejos, hoy me obsequiaba pensando en una obviedad tan clara como sencilla: tenemos en nuestras manos un objeto capaz de atrapar la belleza. La belleza de un instante, de un momento, de una persona, paisaje, cosa… Me he sentido poderoso. Y privilegiado. Después algo ansioso. Y después algo cabreado. Ahora, tranquilo y relajado.
Alguna que otra vez me he quedado cortado, sin saber qué responder, cuando me han preguntado qué era para mi la fotografía. En ese momento, en ese preciso momento era cuando me enfrentaba a mi mismo buscando una respuesta que se adecuara a la sinceridad e intentaba expresarla tímidamente porque no tenía otra alternativa que responder y mojarme. Indudablemente esa respuesta no era correcta en sí. ¿Por qué? Hoy, mientras escribo esto, pienso que las respuestas van llegando con el tiempo y con momentos de reflexión propios, no provocados por terceros. Creo sinceramente que quién siente auténtica pasión por este arte, tarde o temprano se verá obligado a enfrentarse y comprenderse. Y creo también que esas respuestas irán cambiando y evolucionando a medida que nosotros mismos cambiemos y evolucionemos.
Pineso que es bueno ir planteándose las cosas. Lo hacemos con muchos aspectos de nuestras vidas, pensando en lo que hemos hecho, en lo que estamos haciendo y en lo que nos gustaría hacer en un futuro. Las personas siempre solemos encontrar algún momento u otro para plantearnos nuestra existencialidad. Ha sido así siempre. Y ninguno de nosotros somos una excepción.
Retomando el hilo, en mi caso particular la fotografía no es de dentro hacia fuera, sino todo lo contrario. De fuera para adentro. En otras palabras, no es lo que ves con tu mirada, es lo que interiorizas con ella. La cámara es el vehículo que usas para atrapar y quedarte con esa X que te parece tan bella. A un nivel técnico, conocer la herramienta para plasmar esa belleza del modo en que la sientes. Es un juego de tres: Lo que ves, lo que usas, lo que recoges. Es un aprendizaje muy simple al principio. Muy complejo después. Fascinante en su globalidad. Y frustrante algunas muchas veces. Pero la frustración es obligatoria. Si no existe en algún momento u otro, pienso que es una mala señal. Y en todo ese juego, la luz.
La luz es la belleza. Sin luz no hay nada. Y con la cámara en nuestras manos decidimos cuánta luz queremos inmortalizar. Y eso es lo que para mi es la fotografía: belleza. Me importa bien poco el resto. Todos los derivados serán válidos a partir de ahí y en función de lo que cada cual considere bello.
En mi particular caso, es lo único que me interesa. Y es lo que intento aprender. Aprender el juego de tres. No me resulta fácil, pero me encanta el reto. Me apasiona. El resto de cosas fotográficas, si no parten de ciertas premisas, me dejan cada vez más frío. Es una opinión con la que no hay que estar de acuerdo o en desacuerdo. Es lo que yo pienso y cada cual pensará lo suyo, pero por encima de eso una pregunta que sí creo debemos ir formulándonos cada cierto tiempo:
¿Qué es para ti la fotografía?


