Pequeños cambios

Pequeños cambios con el fin de buscar algo más limpio y fino en mi página web, que intento mejorar poniendo mejores imágenes y quitando peores. Dios, qué difícil que es escoger y hacerlo bien. Pero ¡qué divertido es a la vez!

A ver qué os parece:

portada

No sé cómo puedo ir de un lado a otro con tanta facilidad. Me explico: me pasa a diario que me pueden gustar imágenes perfectas (luz, color, nitidez) e imágenes que están al otro extremo, borrosas, con grano… No debería sorprenderme esa dualidad, pues una cosa no debería ser excluyente de la otra, pero me fastidia. Y me fastidia porque no me permite desarrollar un estilo más personal, propio, característico. Bueno, en realidad ese no es el principal problema, que también, pero reconozco que me molesta menos. En cambio -ahí sí que me jode-, es que cuando realizo sesiones, nunca tengo claro que es lo que quiero hacer…

Tengo tantas imágenes en la cabeza, tan diversas, que cuando me pongo a disparar nunca sé a por lo que voy. O bueno, casi nunca. Es por esto, que he decidido hacer un manual de cómo preparar bien una sesión. Pienso que es obligatorio tener una buena guía para que las cosas salgan bien desde que se piensa, prepara y dispara. Siempre habrán contratiempos y cosas, pero eso no tiene que alejarnos del motivo de la sesión.  En fin, en breve iré enumerando las cosas. Si alguien quiere contribuir, bienvenido será.

Mientras tanto, otra foto rescatada.

Imagen

María, 2010.

Cacao mental y maravillao

Ya me ha pasado en otras ocasiones. Tengo una foto, quiero compartirla. $$&%·<<”"··###~¬ Es decir, la he cagado.

¿Es posible que el peor problema no sea el retoque ni la edición, sino elegir dónde colgarla en internet?

A ver, tengo facebook, twitter, google+, pinterest, tumblr, flickr, 500px, instagram, una web y un blog… Habrá que tomar decisiones y eliminar. Sí, ¿con cuáles me quedo?

Suerte que me di de baja de Linkedin…

El Decálogo (Parte II)

Después del éxito de la primera parte, las plegarias y ruegos por parte de los fans para que continuara con el pequeño ejercicio iniciado con El Decálogo,  aquí llega la esperada continuación.

Aunque sigo algunos blogs y me pierdo navegando por webs de fotografía, tengo que reconocer que estoy alejado del circuito. Creo que a voluntad. Alguna exposición de vez en cuando, algún libro, algún festival, algún intenso taller… Me encanta escuchar opiniones, distintos puntos de vista y casi siempre lo intento hacer con empatía, pero siempre he sido algo individualista. Me cuesta mucho creer en un grupo, aunque sepa que es la manera de crecer y seguramente una de las mejores para madurar. En fin, no hace falta que siga por aquí y recuerde la famosa frase de Groucho Marx.

En la primera parte hablé de tipos inteligentes. Lo intuyo más que saberlo, por cómo razonan, por cómo analizan y por cómo lo redactan. Jon Uriarte, por ejemplo, con su blog En Bruto sería uno de ellos. Noemí, tras leer la primera parte me propuso la lectura del blog de Antonio Muñoz de Mesa y concretamente el post “Alec Soth Workshop / La Última Cena”, muy relacionado en la idea con lo que exponía o trataba de exponer yo. Sin duda, él lo hace mucho, muchísimo mejor que yo. Me encantó el post. Después fue inevitable seguir leyéndolo para acabar constatando que Antonio es otro que sumo a la lista. Y los que habrán que desconozco… Es difícil conocerlos desde mi ermitañería fotográfica, pero ¡qué placer hacerlo de vez en cuando!

La misma Noemí me manda un autor anónimo (entiendo que recurra al anonimato) destornillante. Me he partido el culo de la risa leyendo sus frases cortas y lapidarias. Si supiera quién es le invitaba a una cerveza ahora mismo. Me he convertido en fan y en groupie al momento. Aquí su página en Facebook, aunque también usa twitter. El nombre casi que lo dice todo: “Azote Fotográfico”. Ya le he puesto un “Me gusta” aunque se lo hubiera puesto en todos.

Joder, qué ganas me están entrando de crear “El devastador Huracán Fotográfico” jajaja!!

That’s all folks!

El Décalogo (Parte I)

El año pasado escribí un Decálogo que nunca llegué a publicar.  Desde el mismo momento que lo redacté, tuve miedo a publicarlo. Estaba lleno de rabia, era contundente en su contenido y cómo dijo Noemí Conesa (la única que lo leyó), contradictorio.

Lo dejé como borrador a la espera de darle un descanso y repasarlo con mayor atención para darle mejores matices y sobretodo más coherencia.

Ha pasado casi un año. Nunca más me atreví a releerlo hasta hoy. Sigue siendo una bomba. Una bomba que carga contra muchas cosas y la pregunta -obligada- es: ¿Por qué?

Seguramente por frustración. La satisfacción, realización y frustración es un eje por el que suelo bascular frecuentemente en cuanto a fotografía se refiere.

Pero como vengo diciendo de un tiempo a esta parte, la frustración no tienen porqué ser negativa. Siempre digo que es necesaria para poder evolucionar. Por lo tanto, aunque parezca una memez, positiva.

Creo que hubo un momento en mi vida con demasiada saturación fotográfica, acompañada de cierta incomprensión. Y lo fácil era cargar contra lo que veía y no contra lo que hacía.

Ahora me alejo de todo eso e intento decirme “qué más da”. Porque es así, ¿qué más da?.

Hay que centrarse en lo que uno hace. Ser crítico con uno mismo, ser sincero, constructivo, coherente.. Ese es el camino. No escribir decálogos en contra. De todo, como en la vida, ser sincero con uno mismo es lo más difícil. A mi aún me cuesta en ocasiones. Siempre hay momentos que me descubro engañándome de nuevo…

En cualquier caso, pienso que cada uno llega a sus propias conclusiones y si yo he llegado a unas cuantas a lo largo de estos años, quién tenga tantas inquietudes como yo llegará también, si no lo ha hecho ya . Pienso que quién más quién menos, descubrirá cómo se llega a vender la moto en esto de la fotografía. Desde las academias, pasando por los textos que intentan defender un proyecto, a ciertas personas que hablan y debaten en las exposiciones con una pedantería que llega a ser incluso divertida. Algunos no somos ni seremos nunca intelectuales, pero la gran mayoría no somos tontos. A mi personalmente me gustaría poder ser más inteligente, pero no me gusta cuando me venden la moto. Supongo que a ti tampoco.

Extracto de El Decálogo que nunca llegué a publicar.

No me cuentes que tu serie explora el espacio entre el hombre y una vía cósmica onírica, ni la relación oblicua que tienen los ejes de las paredes con los gatos que pasean cerca de ellas. Estos textos ni se los cree, ni los entiende nadie. Simplemente limítate a publicar tus imágenes, no seas pedante. Porque en el momento que muestras y compartes, prestas. Y ese préstamo otorga un significado propio y único en cada persona.

Para finalizar, creo que el único decálogo que vale como dogma es el libro de Momeñe. La visión fotográfica. No decálogo, sino Biblia. ¡Dios, cómo me repito! pero lo creo de veras.

Si algún día llegara a ser la mitad de lo que él fue, me iría orgulloso y feliz. La palabra admiración se me queda corta cuando hablo, cuando pienso en él. Y como todo lo que pueda decir será poco y siempre injusto respecto a todas sus cualidades, no diré más. Eso sí, he sido el nieto más afortunado del mundo.

Galicia, Hopper y Tibidabo

En una hora y media me voy para Galicia. Un clásico ya en mis vacaciones. Un trayecto en coche que siempre me regala alguna que otra imagen que fotografiar. Esta vez, sin embargo, cambio la ruta habitual por la que me lleva a Madrid, donde haré una parada obligatoria para descansar, dormir y sobretodo ver la exposición sobre Edward Hopper.

Mientras tanto, he añadido otra serie en el apartado Working, “Tibidabo“. Un carrete entero fulminado en apenas media hora, en un día nublado y extrañamente frío del mes de junio pasado, con el que no ando muy convencido. Seguramente por la rapidez con que lo disparé? No lo sé. Ponerlas en la web me ayuda a mirarlas de otra manera y tener un poco más claro con cuáles me quedo, si finalmente me quedo con alguna.

Voy llenando la web.

Mi intención es completamente contraria. Quitar, quitar, quitar. Aún no puedo.

Pensando

De un (largo) tiempo a esta parte veo cómo intento asimilar ciertos cambios en mi manera de ver, observar y comprender la fotografía en general.

Sin ir más lejos, hoy me obsequiaba pensando en una obviedad tan clara como sencilla: tenemos en nuestras manos un objeto capaz de atrapar la belleza. La belleza de un instante, de un momento, de una persona, paisaje, cosa… Me he sentido poderoso. Y privilegiado. Después algo ansioso. Y después algo cabreado. Ahora, tranquilo y relajado.

Alguna que otra vez me he quedado cortado, sin saber qué responder, cuando me han preguntado qué era para mi la fotografía. En ese momento, en ese preciso momento era cuando me enfrentaba a mi mismo buscando una respuesta que se adecuara a la sinceridad e intentaba expresarla tímidamente porque no tenía otra alternativa que responder y mojarme. Indudablemente esa respuesta no era correcta en sí. ¿Por qué? Hoy, mientras escribo esto, pienso que las respuestas van llegando con el tiempo y con momentos de reflexión propios, no provocados por terceros. Creo sinceramente que quién siente auténtica pasión por este arte, tarde o temprano se verá obligado a enfrentarse y comprenderse. Y creo también que esas respuestas irán cambiando y evolucionando a medida que nosotros mismos cambiemos y evolucionemos.

Pineso que es bueno ir planteándose las cosas. Lo hacemos con muchos aspectos de nuestras vidas, pensando en lo que hemos hecho, en lo que estamos haciendo y en lo que nos gustaría hacer en un futuro. Las personas siempre solemos encontrar algún momento u otro para plantearnos nuestra existencialidad. Ha sido así siempre. Y ninguno de nosotros somos una excepción.

Retomando el hilo, en mi caso particular la fotografía no es de dentro hacia fuera, sino todo lo contrario. De fuera para adentro. En otras palabras, no es lo que ves con tu mirada, es lo que interiorizas con ella. La cámara es el vehículo que  usas para atrapar y quedarte con esa X que te parece tan bella. A un nivel técnico, conocer la herramienta para plasmar esa belleza del modo en que la sientes. Es un juego de tres: Lo que ves, lo que usas, lo que recoges. Es un aprendizaje muy simple al principio. Muy complejo después. Fascinante en su globalidad. Y frustrante algunas muchas veces. Pero la frustración es obligatoria. Si no existe en algún momento u otro, pienso que es una mala señal. Y en todo ese juego, la luz.

La luz es la belleza. Sin luz no hay nada. Y con la cámara en nuestras manos decidimos cuánta luz queremos inmortalizar. Y eso es lo que para mi es la fotografía: belleza. Me importa bien poco el resto. Todos los derivados serán válidos a partir de ahí y en función de lo que cada cual considere bello.

En mi particular caso, es lo único que me interesa. Y es lo que intento aprender. Aprender el juego de tres. No me resulta fácil, pero me encanta el reto. Me apasiona. El resto de cosas fotográficas, si no parten de ciertas premisas, me dejan cada vez más frío. Es una opinión con la que no hay que estar de acuerdo o en desacuerdo. Es lo que yo pienso y cada cual pensará lo suyo, pero por encima de eso una pregunta que sí creo debemos ir formulándonos cada cierto tiempo:

¿Qué es para ti la fotografía?

 

Monitor y Ajustes de color

Este es un tema espinoso para cualquier fotógrafo que pretenda que sus fotografías se visualicen del mismo modo en que las editó. A día de hoy, cualquiera con un mínimo de interés se habrá dado cuenta que una misma imagen se ve distinta dependiendo del navegador utilizado. Y hay unos cuantos: Internet Explorer, Google Chrome, Mozilla Firefox, Safari, etc. Evidentemente, también dependerá del monitor utilizado y si este está calibrado (correctamente), pero esto sí que es totalmente ajeno a nosotros e insalvable. Lo que sí podemos hacer es que nuestras imágenes no se vean alteradas según el navegador utilizado. ¿Cómo? En realidad, de una manera muy sencilla.

Chrome

Firefox

Explorer

Llevo un par de días volviéndome loco de nuevo con este tema. Y todo a raíz de comprarme un monitor de gama profesional. Después de haberlo calibrado, las diferencias entre navegadores -antes sutiles- ahora eran tremendas. No ha sido hasta ver la web de Patrick Demarchelier que he dado con la clave. Por alguna afortunada razón, he probado a ver las diferencias que se daban también en sus imágenes dependiendo del navegador. La sorpresa ha sido que no había diferencias. He mirado el código de su web buscando algo que gestionara el perfil de las imágenes mostradas en su web y nada. Y, de repente, se me ha ocurrido.

Si sólo un par de navegadores (Explorer y Firefox) interpretan el perfil y el resto no, y de ahí las notables diferencias, ¿qué pasaría si cuando guardamos para web le decimos que no incruste ni convierta el perfil? Pues pasa exactamente lo que sospechaba. Al fin todas las imágenes se ven iguales. ¡Cuidado! Esto sólo sirve para las imágenes que irán a la web, no para las que tienen que ser impresas.

Y sí, esto rompe las máximas aprendidas por nuestros profesores en la materia sobre cómo debe guardarse una imagen para internet. No, no estaban equivocados cuando decían que debíamos guardarlas en srgb si las íbamos a subir a Internet. En realidad era lo correcto. El problema es que nadie en su sano juicio hubiera imaginado que dos navegadores tan utilizados como Internet Explorer y Google Chrome no hicieran gestión de color.

Espero que os haya ayudado.

Page 1 of 3123