Él fue un compañero mío de Grisart. Ella es su pareja desde que se conocieron en Galicia, donde se quedó. Una estupenda tierra que visito regularmente. Casi siempre que voy intento verlos un ratito. Me siento viejo a su lado. Los veo muy jóvenes. De pensamiento, actitud, ideas, valentía… Son gente con inquietudes artísticas y sociales, no sabría en qué porcentaje, pero diría que muy a la par. Esta Semana Santa concerté cita con ellos. Quería retratarles y quería hacerlo usando la cámara de 35mm, con carretes en b/n y color. No sé muy bien por qué lo visualizaba así, pero el cuerpo me lo pedía. Aunque podría afirmar sin temor que la única manera de llegar a ellos es a través del celuloide y me reafirmo en esta pequeña loca convicción tras los resultados. Así que usé varios carretes Kodak (Portra y Tri-X 400) con la Contax N1.
Me fascina dirigir parejas. Lo hice alguna vez para el Proyecto H o Hopper, y ya sentí algo distinto a cuando lo hago individualmente. Y sin embargo, casi nunca lo hago. Me falta experiencia, pero lo disfruto. Me vuelvo mandón, pido y ordeno casi por igual. A veces no sé si con tacto y delicadeza o volviéndome rudo y demasiado directo. Es difícil. Y apasionante. Componer la escena siendo voyeur activo es una práctica que todo el mundo debería experimentar. Y pedir perdón por ello. Y dar las gracias después.
Eso es finalmente lo que queda. El agradecimiento a ellos. Por su aportación.

























































